Cómo hablar de carreras con tu adolescente sin aumentar la presión
- Javier

- 28 nov 2025
- 5 Min. de lectura
Cómo hablar de carreras con tu adolescente sin aumentar la presión
En muchas casas el tema “carreras” entra por la puerta grande… y con él, la tensión.
La escena se repite: alguien pregunta “¿y qué vas a estudiar?” en una comida familiar, el adolescente encoge un poco los hombros, y los adultos empiezan a opinar, contar anécdotas, hablar del mercado laboral, de lo que “sí deja” y de lo que “no conviene”.
La intención suele ser buena.El efecto, no tanto: más ruido, más nervios, más ganas de cambiar de tema.
Hablar de carreras con un adolescente no debería sentirse como un examen ni como un debate en el que alguien tiene que ganar. Puede ser otra cosa: una conversación que abra espacio, que ayude a pensar y que deje claro que no todo se decide en una sola frase.
Lo que pasa cuando el tema “carreras” llega envuelto en urgencia
Detrás de muchas conversaciones tensas sobre carreras hay un mensaje implícito:
“No hay margen de error. Tienes que atinarle.”
Cuando ese mensaje se cuela, aunque nadie lo diga literal, el adolescente escucha algo así:
“Si no sabes, estás tarde.”
“Si te equivocas, vas a pagar las consecuencias.”
“Si no eres práctico, te va a ir mal.”
Con ese marco, cualquier pregunta inocente se siente como un interrogatorio.Y cualquier comentario bien intencionado puede sonar a juicio.
La buena noticia es que no hay que ser psicólogo ni experto en orientación vocacional para cambiar el tono. Basta con ajustar cómo hablamos del tema, no solo qué decimos.
Primer giro: de “¿ya sabes qué vas a estudiar?” a “veamos qué estás explorando”
La pregunta clásica “¿ya sabes qué vas a estudiar?” tiene truco: es cerrada. Solo admite tres respuestas cómodas:
“Sí, tal cosa.”
“No.”
o una respuesta socialmente aceptable, aunque no sea honesta.
Se puede reemplazar por preguntas que abren, no que cierran. Por ejemplo:
“¿Qué ideas se te han pasado por la cabeza últimamente sobre tu futuro?”
“Si hoy tuvieras que elegir solo por curiosidad, ¿qué temas te dan ganas de investigar más?”
“¿Qué cosas te están llamando la atención, aunque sea un poquito?”
La diferencia es sutil pero importante:ya no estás pidiendo una decisión final, estás invitando a compartir un proceso.
Segundo giro: evitar el “eso no sirve” y cambiarlo por “cuéntame qué te gusta de eso”
Es muy fácil descalificar una opción cuando la vemos desde la preocupación adulta.Frases típicas:
“Con eso te vas a morir de hambre.”
“Eso es un hobby, no una carrera.”
“Eso no tiene futuro.”
El problema no es solo el contenido, sino que cierran la conversación de inmediato.El adolescente deja de hablar, pero no deja de pensar en esa idea: solo deja de compartirla contigo.
Un cambio útil puede ser este:
“Cuéntame qué es lo que te gusta de esa opción.”
“¿Qué parte de esa carrera/profesión te llama la atención? ¿El tema, el estilo de vida, el ambiente?”
“Si te imaginas un día normal haciendo eso, ¿qué ves?”
No significa que tengas que estar de acuerdo con todo. Significa que primero quieres entender, y después, si hace falta, aportar contexto.
Tercer giro: hablar de caminos, no de etiquetas
Muchos adolescentes sienten que la pregunta “¿qué vas a estudiar?” encierra otra:“¿Quién vas a ser el resto de tu vida?”.
Una forma de bajar el peso de esa idea es cambiar el lenguaje de etiquetas (“voy a ser X”) a caminos:
En lugar de: “¿Quieres ser médico, abogado, ingeniero…?”
Probar con: “¿Te imaginas más en algo de salud, de tecnología, de creatividad, de trabajo con personas…?”
En vez de decir solo:
“Esa carrera no te define.”
Ayuda mucho mostrarlo con ejemplos: personas que han combinado áreas, que se han movido de campo, que han sumado especialidades.
No se trata de romantizar el cambio de rumbo, sino de mostrar que no todo se decide en una única casilla a los 17.
Cuarto giro: distinguir entre interés real y moda del momento
Es normal que un adolescente cambie de idea varias veces.A veces la nueva opción viene influida por:
Un creador de contenido que admira.
Una serie o película.
Lo que están comentando sus amistades.
En lugar de juzgar la fuente, se puede usar como punto de partida:
“¿Qué viste o escuchaste que te hizo pensar en esa carrera/profesión?”
“¿Qué parte crees que está idealizada y qué parte podría ser realista?”
“Si quitaras lo que viste en redes, ¿sigue habiendo algo de esa área que te interese?”
Así se valida la curiosidad sin aceptar todo a ciegas, y al mismo tiempo se enseña a pensar críticamente sobre las narrativas del mercado laboral que circulan en internet.
Quinto giro: del sermón al ejercicio conjunto
Muchos padres sienten la tentación de dar una mini conferencia cuando sale el tema:
cómo está el país,
cómo está la economía,
qué carreras “sí tienen futuro” y cuáles “no”.
La intención es proteger, pero el formato suele saturar.
Una alternativa es convertir la conversación en un pequeño ejercicio conjunto:
Abrir una ficha de carrera o una descripción de profesión (en un libro, portal educativo, o herramienta digital que te guste).
Leer por partes y preguntar:
“¿Qué de esto te suena atractivo y qué no?”
“¿Qué cosas no te gustaría nada hacer en tu día a día?”
“¿Te imaginas trabajando con este tipo de personas o en estos entornos?”
Ya no eres “la voz que sabe y explica todo”, sino alguien que explora junto a él o ella.
Aceptar que “no sé todavía” puede ser una respuesta válida
Uno de los regalos más grandes que puede recibir un adolescente en esta etapa es que alguien le diga, con calma:
“Está bien si todavía no tienes una respuesta definitiva. Lo importante es que no dejes de explorar.”
Eso no significa desentenderse. Significa:
dar permiso para estar en proceso,
mantener abiertas las conversaciones,
y acompañar con curiosidad, no con veredicto.
Al final, elegir carrera es menos un momento espectacular de revelación y más una serie de pequeñas decisiones, ajustes, pruebas y rectificaciones.
Lo que queda después de una buena conversación
Cuando una conversación sobre carreras está bien llevada, no termina en una decisión inmediata. Termina en algo más discreto y mucho más valioso:
Un adolescente que se siente escuchado.
Un par de ideas mejor formuladas.
Una lista corta de temas o áreas a seguir explorando.
Y la sensación, para todos, de que no están solos en el proceso.
Hablar de carreras con tu adolescente sin aumentar la presión no es evitar el tema.Es cambiar el modo en que lo abordas:menos exigencia, más preguntas;menos etiquetas, más caminos;menos prisa por tener la respuesta perfecta, más disposición a acompañar mientras se va construyendo.
Lo demás —las decisiones concretas, las combinaciones inesperadas, los giros de rumbo— se irá resolviendo con el tiempo. Pero la manera en que hoy hablas del futuro con tu hijo o hija sí puede marcar una diferencia en cómo vive esa etapa: como una amenaza… o como una exploración guiada.




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